El fin de los dogmas

Foto: Caraota Digital

Ángel Medina

Diputado

 

Vivir en un mundo interconectado, con infinitas interacciones y comunicaciones, donde
el transporte de personas y mercancías es cada vez más rápido, eficiente y
económico, un mundo donde la nanotecnología y la inteligencia artificial comienza a
ser parte de nuestra cotidianidad y deja de ser asunto de libretos o historias de ficción, en ese mundo donde la ciudadanía se torna global y las agendas sociales se cruzan
de forma constante con la integración de lo local con lo mundial, en el cual el acceso a
la información y el crecimiento de las clases medias es un hecho que conlleva
mayores presiones sobre los sistemas institucionales y sobre todo, hacia el sector
público.

En ese mundo en el cual asistimos como actores, es una realidad que la
fuerza de las ideas que marcaron el Siglo XX están perdiendo vigencia, están siendo
contrastadas con una realidad que deja muy limitado los lentes ideológicos que
tradicionalmente hemos estudiado o escuchado.

Hoy la ubicación simple y sencilla de la derecha y la izquierda no es suficiente para afrontar el reto de hacer que el mudo funcione mejor, de garantizar el sostenimiento de la humanidad y de promover condiciones de vida que permitan la paz y crecimiento.

El planteamiento de la derecha vs la izquierda está agotándose y de forma muy
acelerada, la propia complejidad que hoy tiene el debate a lo interno de estas
corrientes lo determina, esa complejidad para tratar de traducir con el lente del dogma
temas tan superiores como el desarrollo tecnológico, el mundo virtual, el intercambio
comercial, el nacionalismo o la transformación del trabajo.

Por ello vemos como Macron de Francia o Xi Ping de China se reúnen para hablar de cambio climático o como Estados Unidos, ha venido aplicando mayor protección a su industria frente a la
competitividad global, a pesar de ser acusado de ser una nación de derecha.

El naufragio que viven estos conceptos predeterminados tiene también su expresión,
en el crecimiento de movimientos políticos de posiciones extremas, muy
especialmente en Europa, los ultras, los nacionalistas que promueven xenofobia o los
radicales que convocan contra la globalización desde un IPhone, son la muestra de
que los conceptos de izquierda y derecha son limitados y no proporcionan
suficientes respuesta viables y sostenibles a los retos sociales y al crecimiento de la
conciencia.

Nuestra América Latina sufre mucho de estos dogmas, buena parte de la clase política
pretende limitar a esta vieja lucha todo lo que acontece y con ello, ha venido
propiciando un descontento general sobre partidos y sistemas políticos, Chile, Bolivia,
Centroamérica y nuestra Venezuela son ejemplos claros de ello.

Es momento de poner fin a estos dogmas y a comprender no solo de forma práctica
sino de forma teórica, que es necesario hoy tomar de las buenas experiencias para dar
soluciones reales a las demandas sociales, entender que más que la opción de centro,
es centrarse en que el mundo dejó de ser una mera división entre izquierda y derecha.

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