Venezuela, la Cuba de siglo XXI

Foto: Caraota Digital

Marcos Hernández López

CEO Hercon Consultores

A los presidentes con tendencias autoritarias no les gusta el sistema de división de
poderes y la existencia de otros poderes independientes. Como estrategia, el
gobierno de Maduro para avanzar en su ilógica de afianzarse en el poder tiene su
Asamblea Nacional Constituyente como su traje a la medida para legitimar lo
inconstitucional, además este poder puede ser utilizado para las amenazas
políticas germina en un tipo de violencias visibles e invisibles, muy difícil de ver a
simple vista, ya que son las propias estructuras psíquicas de las personas las que
las hacen frágiles.

Nuestro análisis, se puede explicar desde un enfoque del daño
antropológico, anomia social y secuestro emocional, la sociedad venezolana,
evidentemente, percibe, interpreta y reacciona ante la amenaza política de
diversas formas inducidas por el régimen para frenar su proceso irreversible en su
decadencia política / electoral.

Por diferentes móviles sociales la Gran Caracas lleva cuatro noches de
cacerolazos. Sin embargo, protestar en Venezuela hoy día, es considerado
traición a la patria, la consigna de régimen no importa que se pase hambre, lo
significativo es mantener la revolución cueste lo que cueste. No obstante, la
amenaza, la violencia y el miedo gravitan sobre la conciencia y la conducta de
todos los venezolanos. El gobierno del extinto comandante Chávez y Maduro
trasfiguraron la vida normal de la gente, la modificación conductual - existencial ha
puesto muchos venezolanos en niveles vulnerables.

Evidentemente, en nuestro país, existe una violencia estratégica, el régimen es
supra, amenaza, por encima del derecho y de las leyes, siempre apuntalado en la
violencia estratégica. La agresión al adversario ya es práctica gubernamental
común: los vejámenes a los dirigentes políticos detenidos en varios estados del
país por protestar por una mejor calidad de vida contra el régimen de Maduro, la
tortura psicológica hacia los presos político, las diversas violaciones a los
derechos humanos, las continuas amenazas despidos a empleados públicos por
sospecha de “infidelidad” electoral hacia el Socialismo Siglo XXI, la negación - juegos de hambre - de los CLAP a los que no apoyan el proyecto revolucionario,
bonos con el carnet de la patria, todo un verdadero chantaje, en otras palabras es
un instrumento que pretende recompensar la lealtad del 20,0% de la población
que aún se mantiene estoicamente con Maduro.

Lo que no razona o no quiere razonar Maduro, que lo graves está en que la
mayoría de venezolanos ya no creen en su discurso y menos que la compleja
crisis país es causada por una "guerra económica" apoyada por empresarios
apátridas, recibiendo órdenes del imperio norteamericano, en nuestro análisis
integral se revela 77,5% de los entrevistados no cree en la guerra económica y
sanciones como un argumento para comprender y soportar la aguda crisis
económica y social. Es decir, Maduro inventó una “guerra económica” potenciadas
por las sanciones que ya parece hasta sospechosa incluso en su propio capital
político.

Desde su llegada a Miraflores Abril de 2013, Maduro se mueve deja deslizar su
discurso como si Venezuela es la Cuba del Siglo XXI, divisionista y fabricando
eventos ficticios, lo que sí es una verdad verdadera, la crisis económica se ha
trasformado en algo complejo por su reconfiguraciones, según los diversos
análisis paradigmáticos – nuestras investigaciones cuantitativas y cualitativas, esta
realidad está derivando en que más 82,0% de los entrevistados no vacilan en
señalar que Nicolás debería salir del poder este año a través de cualquier
mecanismo constitucional.

Haciendo una abstracción de nuestras investigaciones de opinión, las derivaciones hacen llegar a inmediatas conclusiones, Nicolás perdió la calle, la popularidad, de acuerdo a nuestros números, está un poco por encima de 15,1%, es irreversible el desgaste del Socialismo Siglo XXI, se perdió la magia revolucionaria que los atornillo durante 20 años en el poder central, irrumpió
el desamor hacia un proyecto político que ilusiono pero no concreto los sueños de
los que aspiraban un mejor país, es casi imposible llegar al final de una gestión
con una opinión nacional en contra, sanciones, contradicciones, la injusticia social,
la incapacidad de dar respuesta a las diversas problemáticas en la falta de
gasolina, gas y agua…el tiempo se le agotó Socialismo del siglo XXI, sólo queda
el delirio de mantener una revolución a la fuerza.

 

En síntesis, ¿Cuál es la realidad de la revolución bolivariana? La unidad
Chavista esta fracturada, existe un divorcio afectivo entre sus jerarcas. El
“Madurismo” que emerge es perdedor, fracasado y con fama de ineficiente,
corrupto y fatigado. Estamos viendo un proyecto revolucionario en decadencia,
ya es un proceso del pesado, con un líder preso en su propio laberinto.

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