¿Cuándo llevar a mi hija al ginecólogo?

Foto: Caraota Digital

Maryory Gómez

Ginecóloga

 

La mayoría de las veces se piensa que la primera vez que se debe ir al
ginecólogo es luego de haber tenido la primera relación sexual y que si no la
hemos tenido entonces no es necesario.

Primero, es importante tomar en cuenta que debemos crear en nuestras hijas
una cultura de ir al ginecólogo, conocerlo, porque sus órganos genitales
femeninos forman parte de su salud, además que comienzan a reconocer lo
que pudiera estar funcionando mal.

La primera consulta debe comenzar a los 10 años,  independientemente de si ha llegado su primera menstruación que es llamada menarquia. Esto permite conocer cómo va el desarrollo de las
características sexuales femeninas, orientar acerca de lo que debemos hacer y qué esperar luego de la menarquia y como se debe comportar el resto del desarrollo de esa niña.

Comenzamos sobre todo con la llegada de la menstruación. Algo que debemos tener en cuenta es que en los tres primeros años el ciclo menstrual puede ser irregular, debido a la inmadurez del sistema endocrino de la prepuber o adolescente.

¿Cuándo debemos estar alerta y preocuparnos? Cuando estas irregularidades tienden a ocasionar sangrados abundantes, con ciclos menores de 21 días, que se acompañan de sueño, cansancio,
debilidad y hasta disminución de la hemoglobina.

Otro punto importante es que en estas consultas tempranas podemos diagnosticar a tiempo malformaciones del área genital, como: tener úteros dobles, úteros con un tabique en su interior, doble cuello uterino con doble vagina, himen imperforado (es un himen totalmente cerrado que cuando viene la menstruación se acumula la sangre en vagina y eso ocasiona mucho
dolor), entre otras patologías.

Por supuesto evaluar si existe la presencia de algún flujo vaginal patológico, porque, aunque no tengan relaciones también pueden sufrir de infección.

Llevar a nuestras hijas a una consulta a tiempo nos permite saber que sus órganos genitales femeninos tanto internos como externos estén bien formados, repercutiendo en su desarrollo, en sus ciclos menstruales y en su fertilidad a futuro.

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